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miércoles, 9 de marzo de 2011

LA SENSUALIDAD Y EL EROTISMO VENDEN, HASTA EN LA POLÍTICA


     Sí, definitivamente el cuerpo humano sirve para vender de todo. Basta con mirar los spots publicitarios de coches, de champú, de cremas corporales, portadas de revistas,  marcas de ropa, de servicios de telecomunicaciones… No pararía de citar ejemplos donde se usa la sensualidad del cuerpo humano para atraer la atención de los posibles clientes.
    La política no escapa del uso de la explotación corporal para atraer votantes. Espero no ganarme enemigos al mencionar el caso del diputado del Parlamento de Cataluña, el joven Albert Rivera. Primero, conste que no lo estoy criticando, sólo estoy mencionando su campaña publicitaria electoral como un buen ejemplo de que el desnudo vende. Al margen de mi postura política, en la que coincido a veces (sólo a veces) con el diputado Rivera porque defiende una progresista opción lingüística para Cataluña que va mucho más allá del polémico bilingüismo para introducir como tercer idioma el inglés y convertir así a la población catalana en una nación más abierta a la globalización. También me gusta la tolerancia de Albert Rivera. Aunque sus detractores pretendan calificarlo “de niñato caprichoso”, hay una realidad y es que él trata de llegar a todos los segmentos sociales y raciales incluso después de sus campañas electorales. Me consta su acercamiento a los inmigrantes, su tolerancia hacia los homosexuales… Espero que lo haga con honestidad y no por la burda necesidad del proselitismo político.
     Cuando Albert Rivera se lanzó por primera vez como candidato a ocupar un curul en el Parlamento de Cataluña en el año 2006, por el partido político "Ciutadanos-Partido de la Ciudadanía", recurrió a dos recursos claves para su posterior éxito. En primer lugar optó por la efectiva y humana campaña de calle, esa de dar discursos en alguna esquina y de interactuar con los transeúntes. En segundo lugar, el jovencísimo Albert Rivera enfocó su campaña en su propio cuerpo. Para quienes no lo sepan, antes de ser abogado y diputado, él fue un prometedor nadador y jugador de waterpolo. De sus tiempos de deportista heredó una saludable y atractiva complexión física que no llega a ser la de un adicto al gimnasio que desarrolla unos músculos exagerados. No, su cuerpo encaja perfectamente en el renglón del chico atlético.
     Consciente de su atractivo cuerpo, y de su rostro de actor de teleseries juveniles de Antena3, Rivera se convirtió en el candidato al Parlamento más osado de la historia en Cataluña. Posó como Dios lo trajo al mundo. Eso sí, con las manos cubriendo sus zonas erógenas. Su cartel fue sin dudas el más apreciado por mujeres, por gays y por la población más progresista que no oculta su condición bisexual. Albert consiguió su escaño en el Parlamento. Su famoso desnudo influyó en buena parte en el éxito de su campaña. Lo que demuestra una vez más que la sensualidad del cuerpo humano vende hasta en la política.
     Cuatro años más tarde, cuando ya se había abierto paso en el panorama político, Albert Rivera vuelve a lanzarse como candidato al Parlamento. Nuevamente recurrió al desnudo. Pero esa vez de una manera más madura y concienzuda. En el cartel aparece ataviado con sus ya famosos trajes de diseñadores, detrás aparecen personas anónimas posando desnudas. Otra vez ganó un escaño. Y si bien no posó desnudo, está claro que en el recuerdo del colectivo barcelonés, incluido yo mismo como parte de ese colectivo, sigue el recuerdo del cartel de cuatro años atrás cuando posó como Dios lo trajo al mundo.

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