En la novela “BARSEXLONA” relato unos encuentros íntimos, sexualmente comprometedores, con el editor de una gran compañía editorial arraigada en Barcelona. El señor en el que está basado el personaje me llamó apenas el Grupo Odisea dio a conocer el fallo de la XII edición del Premio Odisea de Literatura. Me advirtió que tomaría medidas drásticas si en la novela aparecía algo comprometedor sobre él o la editorial que representa.
Cuatro días después, cuando él acababa de leer “Barsexlona”, me volvió a llamar furioso. El “Valentí Pla” de la vida real me aseguró que la novela no llegaría a las estanterías de las librerías. Afirmó que Odisea Editorial no lograría colocarla en el mercado y que boicotearía la distribución. No sé si en verdad intentó detener la distribución de mi novela. El hecho es que si lo intentó entonces las cosas le resultaron muy mal. Barsexlona ya llegó a las estanterías de todas las principales redes de librerías españolas. Incluso se está vendiendo en librerías que NO suelen vender libros de temática gay.
Luego, después que en el programa “La Noria ” de Telecinco presentaran las novelas ganadoras y finalistas del XII Premio Odisea, el editor me volvió a llamar amenazándome esa vez con arruinar mi futuro literario. “Aprovecha estos cinco minutos de fama que te ha dado Odisea Editorial porque nunca más publicarás en éste país”, me dijo. No fue la primera vez que me amenazó con evitar que yo publicara en España. Hace más de dos años él me dijo lo mismo tras un problema personal entre nosotros.
Lo último que me dijo vía telefónica fue: “Has comprometido mi vida personal y has traicionado a la amiga que te tendió la mano cuando llegaste de Sudamérica. Pero la cagaste más todavía al escribir sobre tu relación ambigua con el guardia urbano. Prepárate para lo que te caerá encima”.
No me ha vuelto a llamar las últimas dos semanas. Y eso me preocupa. Conozco las entrañas de la industria editorial y sé hasta dónde son capaces de llegar algunos editores inescrupulosos. Algo grande debe estar planeando el señor Valentí Pla en mi contra. La cuestión es que él sabe que yo tampoco me quedaré de brazos cruzados.
Para su malestar, él está al corriente de mis buenos contactos con medios de comunicación adversarios a su empresa editorial. Tengo mensajes suyos en mi teléfono móvil que dejan muy claro el origen y final de nuestra relación. Por si fuese poco, también conservo dos libros que me regaló con unas dedicatorias muy provocativas. Todo eso está celosamente guardado junto con las copias de la secuela de “Barsexlona”. Si algo me pasa, alguien actuará en mi nombre.
No soy muy valiente, mucho menos soy un cobarde. Suelo recurrir al diálogo en lugar de ir a la guerra. No lanzo ofensivas, pero actúo a la defensiva. Yo, y otros “negros literarios”, tenemos nuestras espaldas protegidas. Barcelona encierra muchos secretos editoriales. Y nosotros somos los guardianes de esos secretos. Si los poderosos de la industria editorial se meten conmigo o con cualquiera de mis amigos “autores fantasmas”, entonces nosotros sacaremos a la luz pública unos fraudes literarios muy importantes de los últimos diez años.
Aprovecho éstas líneas para pedir disculpas a esa amiga que él dice que traicioné. No he contado en Barsexlona nada que ella haya ocultado jamás. Personalmente nos reunimos hace dos semanas para hablar del tema. Si bien es cierto que no está contenta por lo que narré de ella más cierto es que no me guarda rencor.
En cuanto al guardia urbano, pienso que en ningún momento he comprometido a nadie de ese cuerpo policial. En “Barsexlona” sólo hablé de una relación ambigua. Nunca mencioné la inclinación homosexual de ningún guardia urbano. Así que, señor editor, espero que su resentimiento no vaya más allá. No cree intrigas donde no las hay.

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